El acné, especialmente durante la adolescencia, es una de las afecciones de la piel más comunes que existen. Que aparezcan brotes en la barbilla, mejillas o cuello es algo habitual. Sin embargo, muchos adultos se sorprenden cuando esos granitos aparecen también en su rostro. En estos casos, se suele tratar de acné hormonal.
Es importante conocer que, aunque la mayoría de las personas lo asocian, el acné no es algo exclusivo de la adolescencia. Los cambios hormonales asociados al ciclo menstrual, embarazo o menopausia pueden favorecer también la aparición de esta afección en la adolescencia.
Si tus brotes de acné aparecen y desaparecen en momentos puntuales, puede que estas fluctuaciones se deban en al acné hormonal. Pero, ¿qué es exactamente? ¿por qué aparece? ¿cómo podemos cuidar la piel? En este texto, te contamos todo lo que debes saber sobre ello.
¿Qué es el acné hormonal?
El acné hormonal es un tipo de acné que está causado por los cambios hormonales que tienen lugar en el cuerpo. Normalmente, es producido por andrógenos y testosterona, que aumentan la actividad de las glándulas sebáceas de la piel y provocan una mayor producción de sebo.
El exceso de sebo unido a la acumulación de células en los folículos hace que se obstruyan los poros y aparezcan granitos o puntos negros. Los brotes del acné hormonal son más agresivos y dolorosos que los del acné normal.
Este tipo de acné es más común en mujeres, y suele tener un patrón bastante reconocible: aparece en momentos de fluctuaciones hormonales y en ubicaciones particulares, especialmente en la parte inferior del rostro y en el cuello. Para muchas, aparece de manera recurrente las semanas antes de su menstruación.
Aunque estas características suelen señalar que nos encontramos ante un brote de este tipo, no significa al 100% que sea hormonal. El diagnóstico depende de muchos factores y, si los brotes son persistentes, dolorosos o dejan cicatrices, lo recomendable es consultar con profesional de la salud.
¿Por qué aparece el acné hormonal?
No existe una única causa. El acné es una afección en la que pueden intervenir la genética, las hormonas, el exceso de sebo, la obstrucción de los poros, la inflamación, determinados medicamentos e incluso el estrés.
El acné hormonal suele estar producido por alteraciones naturales en el sistema endocrino, como pueden ser el ciclo menstrual, el embarazo, la pubertad o la menopausia. Además, algunos trastornos del sistema hormonal como el síndrome de ovario poliquístico (SOP) pueden provocar una mayor producción de andrógenos y más desarrollo de acné.
También el estrés también puede influir en los brotes. La respuesta del organismo al estrés puede afectar a diferentes vías hormonales y, en determinadas personas, favorecer una mayor actividad de las glándulas sebáceas.
La predisposición genética en cuanto a esta afección también importa. Si existen antecedentes con el acné, puede existir también una mayor posibilidad de desarrollarlo.
Incluso los productos que utilizamos día a día pueden aparecer la aparición de brotes. Si tu rutina facial incluye productos con ingredientes tóxicos demasiado agresivos, pueden empeorar el estado de una piel con tendencia acneica. Por eso es muy importante escoger bien los productos de cuidado facial teniendo en cuenta las necesidades reales de la piel.
Muchos de estos productos convencionales contienen disruptores endocrinos, que son sustancias capaces de interferir en el correcto funcionamiento del sistema hormonal. Usar este tipo de productos puede hacer que los brotes empeoren. Por eso, se recomienda empezar a reducir exposiciones que sean evitables.

Cómo cuidar una piel con tendencia al acné hormonal
Si conoces tu piel y sabes que esta tiene tendencia al acné cuando se producen en tu cuerpo fluctuaciones hormonales, debes saber también cómo cuidarla de manera correcta.
Uno de los errores que muchas personas cometen es intentar eliminar los granitos a toda costa, sin observar qué contienen los productos que utilizan. Si estos son muy agresivos, pueden hacer que se irrite la barrera cutánea y que la piel se vuelva todavía más sensible.
Lo primero que debes hacer para reducir el acné en tu piel es contar con una buena rutina que sea respetuosa con la dermis y la salud general del cuerpo. La rutina debe centrarse en limpiar, hidratar y proteger la piel, con productos que se adapten a ella.
Lo primero es encontrar un limpiador suave, que elimine los restos del día como suciedad, maquillaje, protector solar o exceso de grasa, sin dejar la piel tirante.
Después, el siguiente paso es hidratar la piel de manera correcta. Existe una falsa creencia que dice que las personas con acné y pieles grasas no necesitan hidratación. Sin embargo, tener la piel hidratada es clave para que la barrera cutánea esté cuidada.
La hidratación no debería desaparecer de la rutina por tener acné. De hecho, se deberían de incluir en la rutina determinados productos que aporten hidratación a la piel, para que esta pueda estar elástica por más tiempo.
Una piel equilibrada no es necesariamente una piel sin grasa. Se trata de encontrar una rutina que respete sus necesidades sin sobrecargarla. Para ello, en Banbu contamos con un sérum que está pensado para las pieles grasas, es seborregulador y protege la piel. Se trata de Mellow, la solución perfecta a los brotes de acné que nutre sin engrasar. Este sérum es además no comedogénico, es decir, que no obstruye los poros de la piel.
Otra de las recomendaciones más importantes es proteger la piel del sol. Utilizar un buen protector solar es clave, ya que muchas veces los brotes de granos dejan marcas que pueden hacerse más visibles con la exposición solar.
Se aconseja utilizar un protector solar que tenga un SPF50, con filtro mineral y protección frente a la radiación UVA y UVB. Utilizar protección solar a diario ayuda a cuidar la piel y a prevenir el fotoenvejecimiento.
Cuidar la piel también es escucharla
El acné hormonal es más común de lo que parece y, aunque no siempre podemos evitar que aparezcan brotes, sí podemos aprender a reconocer qué los desencadena y cómo acompañar a nuestra piel en esos momentos. No se trata de lavar el rostro más veces ni de utilizar productos cada vez más agresivos, sino de crear una rutina facial adaptada a las necesidades de nuestra piel.
Elegir correctamente los productos que utilizamos cada día también forma parte del cuidado. Apostar por cosméticos con fórmulas respetuosas y evitar ingredientes agresivos o tóxicos son pequeños gestos que pueden ayudarnos a cuidar la piel y mantener su equilibrio.
Porque cuidar nuestra piel no consiste en luchar contra ella, sino en entenderla, respetarla y elegir conscientemente aquello que ponemos sobre ella cada día. Si no lo has hecho ya, comienza a protegerla como se merece con la cosmética natural de Banbu.